El objetivo del masaje terapéutico es la normalización y mejora de cualquiera de las partes blandas de nuestro cuerpo que puedan sufrir alguna disfunción, realizando una manipulación manual.
El masaje terapéutico ha sido utilizado a lo largo de toda la historia de la humanidad. Las primeras referencias escritas se han encontrado en textos chinos que datan del año 2.000 a.C. El griego Hipócrates, al que se considera el padre de la medicina occidental, escribió en el siglo IV a.C. que “el médico debe saber muchas cosas y, entre otras, la técnica del frotamiento.”
El masaje consiste en un conjunto de técnicas que incluyen la aplicación de una presión continua o discontinua, la sujeción de los miembros y el movimiento del cuerpo. Todo esto se suele hacer con las manos, pero también es frecuente que el masajista utilice otras partes de su cuerpo, como los antebrazos, los codos o los pies. La filosofía básica del masaje terapéutico se basa en ayudar al cuerpo a conseguir su propia recuperación e incrementar la salud y el bienestar generales.
El contacto de las manos es uno de los pilares fundamentales de las técnicas del masaje terapéutico. Estas técnicas no son un procedimiento puramente mecánico, sino que también incluyen un factor importante de creatividad. El masajista debe desarrollar una gran sensibilidad para llegar a saber cuál es el nivel adecuado de presión que puede aplicar en cada caso. El toque cuidadoso proporciona al profesional gran cantidad de información sobre el cuerpo, en sus puntos más débiles y conflictivos. Es importante que terapeuta y paciente desarrollen una buena relación; el enfermo debe sentir que el terapeuta está cuidando de él, para que su cuerpo evite todo tipo tensiones o defensas ante el contacto y se haga completamente receptivo a los beneficios del tratamiento.
Hay muchos métodos distintos de masaje terapéutico y la mayoría de ellos son bastante nuevos. Esto se debe a que, a pesar de su larga tradición como útil asistente de la ciencia médica, hasta los años 70 (en los que se desarrolló un mayor interés por el cuidado del cuerpo y la forma física), este tipo de masaje no ha sido abordado con rigor o con voluntad de conseguir una cierta estandarización en los métodos de aplicación. A partir de ese momento, y con el auge de la medicina alternativa, ha habido una mayor cantidad de terapeutas profesionales que han dedicado sus esfuerzos a aprender y crear nuevos métodos, que continúan siendo más personales que estandarizados. Por ejemplo, muchas de las técnicas que proceden de países asiáticos se basan en conceptos de anatomía, fisiología y diagnosis muy distintos a los europeos.
Dentro de la cultura occidental se pueden distinguir dos ramas fundamentales de masaje terapéutico: la tradicional y la moderna. En la primera, basada en los conceptos tradicionales de anatomía y fisiología, se usan cinco técnicas básicas: presión, resbalamiento, fricción, vibración y percusión. Un ejemplo típico es el masaje sueco, que trabaja las capas superficiales de los músculos, empujando la sangre hacia el corazón y combinando movimientos activos y pasivos de las articulaciones. Este sistema, el más comúnmente utilizado, persigue la relajación general, el alivio de la tensión muscular y la mejora de la circulación sanguínea.
La rama moderna utiliza técnicas muy variadas, incluyendo conceptos más espirituales, como el equilibrio de mente, cuerpo y espíritu y el crecimiento emocional. Sus métodos son más amplios y comprensivos que los tradicionales y también recurren al deporte, drenaje linfático, masaje de tejidos profundos, etc..
Durante los últimos 50 años, se han publicado más de cien estudios que demuestran los beneficios del masaje terapéutico para el tratamiento del dolor o las inflamaciones crónicas y agudas, nauseas, espasmos musculares, ansiedad, depresión, insomnio, estrés emocional y otras muchas dolencias.