Los riñones son dos órganos que se ocupan, entre otras cosas, de limpiar la sangre de las toxinas que se producen en el cuerpo y de filtrar, depurar y nivelar todo lo que bebemos. Cuando fallan y disminuye, de manera gradual y progresiva, el índice de filtración de los riñones, se produce la Insuficiencia Renal Crónica.
Esta disminución gradual del funcionamiento de los riñones explica la ausencia de unos síntomas iniciales hasta que el índice de filtración es inferior al 20 o al 25 % de los valores considerados normales.
Las causas que pueden llevar a la Insuficiencia Renal Crónica son muchas, a aparte de traumatismos que puedan dañar repentinamente estos órganos: hipertensión arterial, diabetes, glomerulonefritis (inflamación de los riñones), colagenosis (enfermedades del tejido conectivo), infección crónica, obstrucción urinaria, enfermedades hereditarias, fármacos, tóxicos, etc. Cuando la enfermedad se manifiesta, los síntomas pueden ser diversos: nauseas, vómitos, diarreas, cefaleas, vértigos, somnolencia, convulsiones, sudor...
Si a una persona no le funcionan bien los riñones le resulta inevitable seguir manteniendo limpia la sangre a través de algún proceso mecánico, ya que en caso contrario el enfermo renal podría morir por concentración de toxinas. La hemodiálisis, la diálisis peritoneal automatizada, la diálisis peritoneal continua ambulatoria, y finalmente el trasplante son técnicas para conseguirlo, y permiten a las personas que padecen este problema seguir llevando una vida relativamente normal.
La hemodiálisis
Fue el primer sistema que se ideó para sustituir la función de limpieza de los riñones, y hoy en día es la técnica más utilizada en España. Se trata de un procedimiento por el que la sangre, a través de un sistema de tubos, llega a una máquina, atraviesa un filtro especial que la limpia y es devuelta al cuerpo. La sangre entra y sale por dos agujas que se mantienen conectadas al brazo por una fístula arterio-venosa. El proceso elimina las toxinas que los riñones no pueden extraer con la orina. Esta operación se repite 3 veces a la semana durante unas cuatro horas en cada vez, y suele realizarse en un centro hospitalario o en un centro especializado. La sangre, por tanto, se limpia de forma intermitente.
Diálisis peritoneal automatizada
Es la modalidad más reciente de diálisis. Se realiza en el propio domicilio del paciente y consiste en la utilización de una máquina silenciosa que efectúa la operación de limpieza de líquidos por la noche, durante el sueño. Se debe acudir al centro sanitario cada uno o dos meses para realizar los controles habituales. En el caso de que fuera necesario, el especialista decidirá si el paciente debe programar un intercambio diurno. Según las necesidades de cada persona se puede programar la máquina para que realice más o menos intercambios de líquido.
Diálisis peritoneal continua ambulatoria
Es un sistema que no obliga al paciente a acudir regularmente a un centro sanitario, excepto para los controles que se realizan cada uno o dos meses. Es una técnica en la que la sangre se limpia dentro del cuerpo, utilizando para ello la propia membrana peritoneal a través de un catéter implantado previamente en el abdomen.
La introducción de un líquido en la cavidad peritoneal hace que la sangre se esté limpiando continuamente. Este líquido se cambia cuando el paciente se levanta, al mediodía, por la tarde y antes de acostarse, en su propio domicilio o en otro lugar, ya que todo lo necesario para la Diálisis peritoneal (bolsas de líquido) se transporta fácilmente y sólo se precisan ciertas medidas higiénicas y de aseo personal que deben ser rigurosas. Cada cambio de líquido ocupa unos treinta minutos aproximadamente.
Trasplante
Consiste en implantar un riñón sano en una persona cuyos riñones ya no funcionan. Cuando es posible realizarlo, el trasplante es la solución más deseable, pero hay pacientes que por sus características médicas no deben ser sometidos a un trasplante. Los que sí pueden hacerlo deben incluirse en una lista de espera hasta encontrar el riñón adecuado.
Se debe tener en cuenta que no todos los riñones sirven para todas las personas: el nuevo riñón debe ser compatible con el sistema inmunitario de la persona receptora. Al recibir un trasplante, el enfermo debe someterse a una intervención quirúrgica y a un tratamiento inmunosupresor para evitar una reacción de rechazo hacia el nuevo riñón.